Semanario Educativo Culturama

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Culturama No. 1023

Marzo 31, 2008 · No Comments

EL CERRO SAN CRISTÓBAL…

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La única formación montañosa que irrumpe en la planicie sobre la cual se asienta la ciudad de David es el cerro San Cristóbal, de 114 metros de altitud. Desde su cima se puede apreciar toda el área urbana con sus barrios aledaños; al sur, la zona de manglares del Pacífico; al oeste, las tierras bajas y aluvionales de Alanje, y la cordillera de San Carlitos, que flanquea la zona septentrional del distrito. El doctor Mario Molina Castillo en su obra David, historia y sociedad, señala que en el periódico El Noticiero, del 18 de agosto de 1914, José María Jované relató una leyenda en torno a este Cerro y a la quebrada del mismo nombre que nace en la cordillera de San Carlitos. Señala Jované que durante la época de la colonia, un grupo de milicianos españoles encabezados por el conde La Peña, se encontraron sitiados por los indios doraces en el cerro cercano a la quebrada y protero de Cristóbal. La Peña, fervoroso católico, mandó a colgar sobre la cruz que existía en la cúspide de la montaña, un escapulario de San Cristóbal que él llevaba sobre su cuello y exhortó a sus hombres a que hicieran lo mismo con las reliquias que poseían. Luego, se enfrentaron a los aborígenes al grito «Viva España». Con una descarga de sus armas hicieron replegar a los indígenas y llegaron sin muchos contratiempos a la ribera de la quebrada de Cristóbal. Después de este incidente, tanto la quebrada como el cerro comenzaron a conocerse como San Cristóbal.

SIN TEMOR AL ÉXITO…
Sin temor al éxito es la última publicación del chiricano José N. Araúz-Rovira, quien nació en Dolega en 1947 y estudió Administración de Negocios y Educación en la Universidad de Panamá. El doctor Araúz se ha dedicado en los últimos treinta años a la enseñanza universitaria, trabaja en las áreas de investigación científica, estadística y en el diseño y formulación de proyectos. Ha sido consultor de varios organismos internacionales y actualmente es conferencista internacional sobre la educación, desarrollo, liderazgo y promoción del capital humano. Ha escrito diez libros y ha dictado conferencias en doce países de América Latina. Sin temor al éxito es el compendio de veinte relatos que combina la verdad campesina, al estilo de cuentos pueblerinos, con pinceladas de la creatividad y la readliad, además, de algunas lecciones apegadas al conocimiento, producto de la consulta, la observación, la imaginación y la maduración de ideas, para hacer de cada tema, una enseñanza y, porque no, un aprendizaje. Esta es una obra de proyección para la reingeniería humana, la vivencia de los valores humanos y el crecimiento personal. Esta publicación fue realizada gracias al programa de Apoyo Directo a la Promoción Social Positiva de Casa Ruiz, en Boquete, empresa que tiene a la venta esta obra en su Coffee Shop.

PERSONAJES PANAMEÑOS …
Manuel Joseph de Ayala, abogado nacido en Panamá en 1728. Estudió en la Universidad de San Javier de Panamá, continúa estudios en Madrid y Sevilla, España. Ocupó a partir de 1763 el cargo de archivero de la Secretaría de Estado y del Despacho Universal de Indias. En 1770 recibió una pensión vitalicia de parte del rey Carlos III. Fue fundador de la Biblioteca Jurídica del Reino de España e Indias. Publicó en Madrid: Indice del Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias y España (1792) y las Notas a la Recopilación de Indias (1774) de extensos volúmenes. Otras obras suyas son: Cedulario Indico, Ofrenda Política y en 1995 se editó su Diccionario de Voces Americanas, en Madrid. Fallece en España en 1805.

CURIOSIDADES PANAMEÑAS…
Siendo el general Tomás Herrera, jefe del ejército constitucional de Colombia, durante la dictadura del general María Melo, en 1854, recibió la solicitud para ingresar al ejército de un joven llamado Antonio Villamizar, oriundo de Tiribita, una de las poblaciones más vapuleadas por la soldadesca dictatorial. Ante la anuencia del general Herrera el joven Villamizar se enroló, distinguiéndose, por su arrojo y valentía, en todas las batallas en las que participó. Finalizada la guerra, se presentó ante el general Herrera una mujer, más bien fea, quien dijo ser el soldado Villamizar. Explicó al general que como quería ser soldado se enroló como hombre, pero su verdadero nombre era Clementina Celis. Por su hidalguía, Herrera intercedió ante el congreso colombiano, para conseguirle una pensión a Clementina, lo que se llevó a cabo el 19 de mayo de 1855. La agraciada recibiría, vitaliciamente, la suma de ocho pesos mensuales.

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