El caserío costanero de Pixvaé en el distrito de Las Palmas, provincia de Veraguas, solo es accesible por un largo y sinuoso camino que requiere tres horas de viaje en automóvil de doble tracción, desde Soná, la tierra tanto de los Martinelli, como de los Dutary, Ortiz, Ábrego, Arosemena y Ferrabone….
Llegar a Pixvaé por vía terrestre requiere de gran pericia en el manejo. Muchos guardan reservas cuando contemplan ese pedregoso pasaje con permanentes descensos y ascensos entre las montañas rebanadas, pues algunas de las elevaciones superan los 500 metros.
Pese a lo extenuante que pueda parecer la intensa travesía, vale la pena arribar a Pixvaé, poblado que data de las postrimerías del siglo XIX y debe su nombre a la abundante presencia de palmas del pixvae conocidas popularmente como “pixvae chichero”.
En el Hostal Jois nos esperaban sus propietarios, los maestros Rubén Castillo y su esposa Doris Ibarra, quienes se habían trasladado desde Santiago para atender al grupo de nueve aventureros que queríamos recorrer –en bote- algunos tramos de la costa meridional de Veraguas en busca del Chorro de Manglarito.
Degustando un delicioso cebiche de pixvae, Célfida Jordán, la encargada del Puesto de Salud, nos brindó algunas estadísticas relevantes: habitan el lugar 814 personas distribuidas en 160 residencias. En la escuela se registran 124 alumnos y en el Primer Ciclo 90 estudiantes.
Pixvae es un corregimiento entre cuyas comunidades están Lovaina, Filo la Aguja, El Pavón, Chelelé, Pajarón y Rosario. Predominan los apellidos: Espinosa, Gutiérrez, Olaya, Sagel, Jordán, Torres y Aparicio. Algunos de estos grupos familiares proceden del oriente chiricano y de Las Palmas de Veraguas. Hay dos hostales más y uno en construcción. De las bahías de Pixvae y Honda, se extraen abundante jurel, pargo, cojinúa, robalo, dorado, gallo y palmera.
Muchas personas pasan por Pixvae para ir hasta Coiba ya que este punto puede considerarse como uno de los más adecuados para llegar a la más grandiosa de las islas panameñas, verdadera joya natural del Pacífico.
Cerca de Pixvae están las playas de Molined, Doña Juana y Manglarito. Desde nuestra perspectiva, la primera es más llamativa porque un montículo de verde vegetación se empotra en el centro de la pequeña ensenada. En Manglarito, como a 250 metros tierra adentro, encontramos la cascada que andábamos buscando, tenía entre 25 a 30 metros de caída. No obstante, en el recorrido por ese litoral a bordo de la nave Ranchería, dirigida por Ernesto Santos Sagel, alias “Coquito”, nos cautivó sobremanera el potente color turquesa de ese mar y los hilillos de agua que se desprendían desde los riscos para integrarse a las profundidades.
La placentera estadía ecoturística en Pixvae se complementó con una caminata por la playa bajo la luz de la luna llena mientras escuchamos los ingeniosos relatos del maestro Rubén: de cómo durante la Guerra de los Mil Días llegaron las huestes liberales y atacaron al poblado porque había un destacamento de conservadores procedentes de Remedios y una mujer embarazada se escondió en el tronco de un inmenso árbol… De cómo se celebraban las peonadas o juntas para los trabajos en el campo y éstas culminaban con el “robo de la cabeza de puerco” (una cabeza de cerdo cocida, adornada con flores e imágenes hechas de maíz con forma de parejas humanas) por alguien que sería el responsable de pagar los músicos para el baile… De cómo los carnavales de Pixvae son únicos porque eligen a un rey y a una reina, sin importar la edad y el origen.
Informes de Hostal Jois. Tel. 998-0167 y 6636-9582. Cabina telefónica en Pixvae 333-2902
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