MORAZÁN EN CHIRIQUI…
El general hondureño José Francisco Morazán Quezada (1792-1842) intentó unir a Centroamérica en una sola nación progresiva por medio de sus reformas liberales. Fue Presidente de la República Federal de Centroamérica (1830-1839); Jefe de Estado de Honduras (1827-1830), Guatemala (1829), El Salvador (1839-1840) y Costa Rica (1842). Es considerado uno de los jefes militares más importantes en la historia de América Central; demostró ser un excelente estratega militar. Por más de una década dominó el panorama político y militar de Centroamérica. Fue reconocido como un gran visionario, pensador y político. En 1840, mientras ejercía como Jefe de Estado de El Salvador las fuerzas antifederalistas de Guatemala y Nicaragua se aliaron en su contra, lo obligaron a abandonar el poder y exiliarse. Morazán llega a David, Panamá, donde residía su familia. En la cabecera de la provincia de Chiriquí tuvo la oportunidad de compartir algún tiempo y también le dio lugar a escribir parte de sus memorias y dictar su célebre “Manifiesto de David” al pueblo Centroamericano, el 16 de julio de 1840. En ese manifiesto Morazán reflexiona acerca de su papel político y militar en la región y ataca a sus enemigos, en especial al líder guatemalteco. Rafael Carrera y Turcios. Expulsado de David por las autoridades colombianas, Morazán prosigue hacia el Perú, de donde retorna a Centroamérica ante la invasión estadounidense de Nicaragua. Luego de esta coyuntura, es apresado por sus rivales políticos y condenado a muerte, junto con otros líderes unionistas. El general Morazán fue fusilado en el actual Parque Central de San José, Costa Rica, irónicamente, el 15 de septiembre de 1842, fecha del vigésimo primer aniversario de la independencia de Centroamérica.
BORGES DE BIBLIOTECARIO A INSPECTOR DE GALLINAS…
Jorge Luis Borges (1899-1986) el escritor argentino más destacado de la literatura del siglo XX, fue un acérrimo crítico de la Alemania nazi; a Adolfo Hitler lo consideraba un hijo atroz de Versalles y temía profundamente en la posibilidad de que en América Latina se enquistaran imitadores del dictador alemán. La preocupación de Borges casi tuvo carácter profético porque a la postre se multiplicaron figuras opresivas en el área. Para el literato, tal vaticinio en su país se vería realizado en la figura de Juan Domingo Perón y su ascensión al poder. Cuando, en 1946, Perón toma el control del Estado, Borges, quien trabajaba en una biblioteca pública, fue “ascendido” a inspector de gallinas y conejos en los mercados. Borges fue a la municipalidad para preguntar a qué se debía ese extraño nombramiento. Él mismo cuenta la anécdota en su autobiografía:
“Mire —dije al empleado-, me parece un poco raro que de toda la gente que trabaja en la biblioteca me hayan elegido a mí para desempeñar ese cargo”.
“Bueno —contestó el empleado— usted fue partidario de los Aliados durante la guerra. Entonces, ¿qué pretende? Esa afirmación era irrefutable, y al día siguiente presenté mi renuncia».

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